We're back!
Estamos de vuelta pero con mascarillas y con esa sensación extraña de que este es solo un pequeño descanso —qué deferencia— entre crisis.
Éxtasis e imanes
En mi recuerdo, voy caminando hacia el centro de la pasarela y cayendo en una especie de embrujo mientras el ruido atronador del agua y las miles de gotas que salen disparadas hacia mí me atrapan. De pronto, una mano en la espalda o una voz: mi amiga da la vuelta, se está agobiando mucho. Y yo allí, en pleno éxtasis, me pregunto cómo podemos los seres humanos ser tan distintos.
Soñar recuerdos inventados
He pensado más en otro detalle de esta bonita experiencia onírica: los recuerdos que mi cerebro creó dentro del sueño para darle coherencia. Esos dos días que había salido de un comedor inventado, atravesado una plaza inventada y llegado a una universidad inventada.
Estática pero contenta
Hace año y medio que no viajo. Y no me refiero a grandes trayectos o distancias, no. Me refiero a que en el último año y medio no he salido de la línea que marca la distancia entre mi casa y la de mis padres, 22,8 kilómetros, según Google Maps.
Cómo fijar el recuerdo de un lugar
Aquella persona que recorrió Bergen esperando encontrarse a Sondre o Eirik todavía creía que odiaba Viena y no sospechaba que en un par de meses iba a mudarse a la capital austríaca y enamorarse, pero era la misma persona que soy hoy.
Recuerdo los viajes
Recuerdo los viajes. Recuerdo el nerviosismo de los días anteriores, el estrés pensando en todo lo que tenía que hacer antes de irme. Recuerdo que a veces incluso somatizaba ese estrés, como hago casi siempre, y recuerdo que cualquier mal que tuviese desaparecía en cuanto ponía un pie en una ciudad extranjera.
Nunca quise ir a LA
La primera vez que pude ir a Los Ángeles tuve tan poco tiempo para tomar una decisión que decidí no hacerlo. Pisé solo su aeropuerto y un hotel cercano y pasé cinco días en Laguna Beach, una hora al sur. Volví al aeropuerto y volé a Vigo.