La dictadura de la novedad
Cómo pasar el test del tiempo cuando vivimos inundados por una oferta tan inabarcable que apenas tenemos tiempo para apreciar un disco antes de sumergirnos en el siguiente. Lo mismo con libros, series, películas y demás creaciones que se pelean por un ratito de nuestra atención.
El tiempo que nos pertenece
Yo no quiero que también mi tiempo libre sea una parte de mi trabajo, un mecanismo de optimización necesario para rendir y producir mejor. Mi tiempo libre es un derecho independiente.
Cuando la música no nos la descubrían los algoritmos
Aunque era bastante cuidadosa a la hora de escribir en los discos quién cantaba, en esta ocasión no lo hice. Karin se volvió a Suecia y por alguna razón yo no le pregunté qué era eso que me estaba gustando tanto. Anoté «grupo sueco» en la carátula improvisada con un trozo de papel y seguí escuchando sin saber nada más.
Cosas de viejas
No sé cuándo me chirrió por primera vez esa típica reacción que tenemos cuando vemos a una persona mayor disfrutando de la vida.
Persona ordenada con ascendente caótico
Suelo hablar de esto como si fuese en realidad mi signo del zodiaco, soy orden con ascendente caótico. Y tiene sentido, porque la mayor parte de los test de personalidad (pienso en ti, Myers-Briggs) tienen tanta validez científica como la astrología.
Apuntes sobre espeleología
«Excavo bonitas cuevas detrás de los personajes; creo que eso da exactamente lo que quiero: humanidad, humor, profundidad. La idea es que las cuevas se conecten y que cada una salga a la luz del día en el momento presente».
Aquí estoy, vuestra amiga neoludita
He vuelto a desinstalar, como hago con cierta periodicidad, Twitter, Instagram y Facebook. Pero también he hecho algo más radical y que no se me había ocurrido: desinstalar Chrome.
La gente cansada
Competimos por ser el que está más cansado, como si reconocer y admitir la fatiga ajena fuese a invalidar la nuestra.
El corazoncito de Twitter (pataleta contra las redes sociales que compartiré en las redes sociales)
Me molesta que algo se ilumine en mi cerebro cuando en la barra de las notificaciones del móvil aparece el corazoncito de Twitter, el ejemplo más claro y cruel y acertado de cómo nos miente la tecnología.