El orden de las cosas
Hay ciertas cosas que me gusta hacer siguiendo un orden determinado, que es una pequeña manía inofensiva que está muy bien si no fuera porque, a veces, no pongo la primera piedra. Y, como no he puesto esa primera piedra, me niego a poner la segunda.
Hacer cosas en el momento adecuado
Durante mi adolescencia me dediqué a leer principalmente novela juvenil. Podía contar muchas cosas sobre Roald Dahl y Jordi Sierra i Fabra, pero nada sobre esos otros autores que se suponía que tenía que haber leído.
Elegir malgastar el tiempo
La vida es corta, no la malgastes leyendo cosas que no te gustan, me dice —paradójicamente— internet. Y estoy de acuerdo en esencia. La vida es corta y cada minuto es único. ¿Me va a devolver alguien las horas que perdí leyendo el Libro del desasosiego, resoplando y pensando que lo que Pessoa necesitaba era salir a que le diera un poco el aire?
Parar, mirar y escuchar
Esta mañana, mientras acababa el café, leí un capítulo sobre respirar los árboles: buscarlos no solo en parques, sino entre el asfalto, pararse en mitad de la calle, respirar durante un minuto.
Mis estúpidas normas de lectura y cómo romperlas
Hace unos años, mirando mi estante de libros que eran aún promesas e intentando decidir cuál quería leer a continuación, me di cuenta de que había libros que llevaban en aquel limbo mucho tiempo y otros que casi ni pasaban por él, porque los devoraba en cuanto llegaban a casa.
Mi único propósito para 2020
Yo nunca había comprado libros. Empecé poco a poco, con emoción pero con cautela. Y de pronto, no sé muy bien cómo, me volví un poco adicta.