Anclada en una revolución tecnológica anterior
En algún momento de estos últimos años, me quedé anclada en una revolución tecnológica anterior.
Recordarme a los nueve años
¿Quién era? ¿en qué pensaba más? Puedo adivinar ciertas preocupaciones y sensaciones, pero me cuesta verme con nitidez.
Hacer cosas en el momento adecuado
Durante mi adolescencia me dediqué a leer principalmente novela juvenil. Podía contar muchas cosas sobre Roald Dahl y Jordi Sierra i Fabra, pero nada sobre esos otros autores que se suponía que tenía que haber leído.
La idea es disfrutar
Hace unos años escribí esa lista. Eran recetitas de alegría instantánea que poco a poco voy moldeando y retocando. Añado cosas, borro otras. Teorizo sobre algunas.
Elegir malgastar el tiempo
La vida es corta, no la malgastes leyendo cosas que no te gustan, me dice —paradójicamente— internet. Y estoy de acuerdo en esencia. La vida es corta y cada minuto es único. ¿Me va a devolver alguien las horas que perdí leyendo el Libro del desasosiego, resoplando y pensando que lo que Pessoa necesitaba era salir a que le diera un poco el aire?
Mis estúpidas normas de lectura y cómo romperlas
Hace unos años, mirando mi estante de libros que eran aún promesas e intentando decidir cuál quería leer a continuación, me di cuenta de que había libros que llevaban en aquel limbo mucho tiempo y otros que casi ni pasaban por él, porque los devoraba en cuanto llegaban a casa.
Mi único propósito para 2020
Yo nunca había comprado libros. Empecé poco a poco, con emoción pero con cautela. Y de pronto, no sé muy bien cómo, me volví un poco adicta.