La certeza de la primavera
Hace un año, en una de mis primeras incursiones a mi revalorizado balcón, descubrí que una de las plantas de mi vecino había saltado la valla y me había regalado una hijita. La cogí, la planté con mucho amor y la llamé «mi planta de la cuarentena».
Reflexiones en la antesala
Si estos son nuestros últimos días «fáciles» (los que nos podemos permitir vivirlos así, insisto, los que somos un poco inconscientes y somos capaces de dormir y olvidarnos de todo), ¿no deberíamos disfrutarlos?
Volver a abrazar
En el piso en el que viví antes de este, al que llamábamos La Cuba Secreta, había goteras.