El eslabón perdido de la amistad
—Pues yo tengo un amigo que… bueno, un amigo no, hace años que no hablamos/nos vemos una vez cada cinco años/en realidad no sé ni si ha tenido hijos ni dónde vive. —¿Un conocido? —No, no, tampoco. Es mucho más.
Practicar la estivación
A principios de mes fui a Madrid. Mi único objetivo era ver un concierto para el que tenía entrada desde 2020, pero me quedé cuatro noches porque también quería descansar y quería aprovechar para ver a varias personas. Fui al concierto, donde fui muy feliz, y luego no volví a salir de casa.
Los amigos que no vemos
El otro día, abriendo los cajones de un mueble en casa de mis padres, encontré una caja de zapatos llena de mis agendas antiguas. Al final de una de ellas, de mis primeros años de universidad, había anotado durante varios meses los SMS que recibía.
Llamadas sorpresa
Empecé a escribir sobre llamadas de teléfono y echar de menos la sorpresa de que de pronto un amigo o amiga te llame sin avisar solo para charlar, pero lo estaba haciendo mal.
Por qué desaparecemos
Las desapariciones involuntarias creo que son las felices: desaparecer sin darse cuenta porque estás viviendo tu vida. Luego están las voluntarias, esas en las que vas dando pasitos hacia atrás como de retirada, un «siento que estos días no puedo estar aquí, necesito estar en mi capullito encerrada una temporada».
No lo vi venir (o el privilegio de hacer las cosas bien)
Si yo fuese una persona distinta (peor), os diría que todo esto fue gracias a salir de mi zona de confort. Pero creo que en realidad lo que hice fue entrar en ella.
El océano de la amistad
El primer shock cultural que recuerdo fue al pasar de parvulitos al colegio con la aparición de la condena al ostracismo social a algunas niñas cuando una de sus amigas —y, detrás, el grupo— decidía que ya no le hablaba (hablo en femenino porque son los ejemplos que recuerdo, no sé cómo funcionaba entre niños).
De reencuentros y amigos y seguir cumpliendo años
El otro día tuve una revelación. Uno de esos pensamientos que de pronto iluminan todo tu cráneo por dentro porque los imaginas así, resplandeciendo desde tu cerebro. Lo vi todo tan claro que no creí que fuese posible olvidarlo.
Ofrecer té y ofrecer amor
Cuando hace un par de semanas devoré Gente normal, de Sally Rooney, noté cómo un mensaje nada subliminal se deslizaba en mi mente: quería té.
Quién decide lo que pienso (y cómo liberarse del móvil)
En los días en los que escribí el reportaje sobre mejores amigos para Verne, pensé mucho sobre la amistad.
Artículos que leí en mayo (y artículos que publiqué)
En mayo fue verano e invierno y verano e invierno otra vez.